Creo que es imprescindible que la sociedad, o los agentes sociales que crean opinión, debata sobre si todas las agresiones en las que están implicados una mujer y un hombre se pueden considerar teñidas de machismo. Personalmente, creo que todas las agresiones que sufren las mujeres por el mero hecho de serlo, son machistas. Así de sencillo. Porque yo, como hombre, no pego a las mujeres. Igual hay que recordárselo a algún juez que todavía tiene problemas para entender qué es eso de la violencia machista. Siempre he pensado que la violencia está basada en la fuerza, mejor dicho, en la diferencia de fuerza aplicada por el victimario sobre la víctima. Que en el 98% de los casos los perfiles de maltratador y víctima coincidan con los de hombre y mujer no me parece, para nada, una casualidad.
Todavía hoy no me explico el hecho de que un hombre tenga la obligación de comunicarse con la mujer a la que "ama" a palos. Eso no lo entiendo. ¿Tanto nos cuesta acariciar, dar un beso, hablar susurrando? No sabemos hacerlo. De ahí que los nuevos movimientos de hombres, las nuevas masculinidades, reclamen constantemente formación en amor, en pasión, en entrega. Esta lucha constante del hombre por deshacerse de esas losas pesadas que dan forma al patriarcado y al machismo es muy dura. Debe ser muy fuerte el hombre para sacar la cabeza todos los días de ese pozo para expresar lo que verdaderamente lleva dentro.
Los que todavía no están en esa tesitura, los que todavía creen que se casan y contratan los servicios de una sirvienta, los que creen que cuando se enamoran compran a una persona de otro sexo para que les dé todo lo que por ellos mismos son incapaces de conseguir, los que en definitiva, viven como en el Pleistoceno... deberían saber que todo está cambiando, que los papeles se equilibran, que las mujeres han venido para quedarse. El cambio nos toca a nosotros, no a ellas, porque ellas lo tienen muy, muy claro. ¿Pero nosotros? ¿Sabemos hacia dónde caminamos? ¿Sabemos cuál es nuestro papel? ¿Acaso debemos cumplir algún papel? Fuera imposiciones, esa es la verdadera libertad.
2 comentarios:
Esta vez siento discrepar
Esta vez siento discrepar.
El problema está en establecer los agravantes o los atenuantes en los casos en que un ser humano agrede a otro ser humano.
Un ejemplo de lo que quiero decir: si un blanco pega a un negro (o viceversa), no siempre será racismo.
Para eso están los jueces, sino tendríamos robots.
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