viernes, 20 de agosto de 2010

Los jueces y las juezas

Me mosquea mucho la incesante cantidad de sentencias emitidas por nuestroas ilustres jueces y juezas (creo que hay muchos mñas que muchas) que dudan a la hora de meter en la coctelera del maltrato el condimento esencial del "machismo". Creo sinceramente que en toda agresión de un hombre sobre una mujer hay machismo, como en toda tortilla de patatas hay patatas. ¿O no? Pensar que un hombre agrede, insulta, pega, araña, desgarra, atrofia a una mujer sin ejercer el machismo es pensar en que las fiestas de Bilbao, la Aste Nagusia, es un periplo festivo aburrido. El señor Juan del Olmo (juez) y la afamada Audiencia de Murcia se están destacando en esta finísima práctica de difuminar el machismo en sus sentencias. ¿Por qué? La verdad, lo desconozco. Pasan del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, que creen que en toda agresión de un hombre a una mujer hay machismo. Ellos y ellas van por libre. En el razonamiento para calificar una agresión de machista se habla de la necesidad de que exista una relación de poder, de diferentes planos, uno por encima del otro. Y digo yo. ¿No son posiciones diferentes aquellas que usan la fuerza para marcar la diferencia? Si un hombre ataca a una mujer es porque dispone de mecanismos que le dan poder, como la fuerza física, algo muy sencillo pero que creo... se obvia en muchos, demasiados, casos últimamente.
El poder puede demostrarse de muy distintas maneras: psicológico, físico, social, sexual... Pero en todos los casos debe existir fuerza mayor por una parte sobre la otra, deben vivirse relaciones en planos diferentes y nunca simétricos. Uno impone la fuerza al otro a través del insulto, de la agresión, del desprecio, del aislamiento.
Qué horror que una persona que decide sobre el futuro de otras en sentencias judiciales no tenga en cuenta esta mínima realidad. La que determina que el hombre es más fuerte que la mujer en el 99% de los casos que llegan al juzgado. Sí señores y señoras: la fuerza física difunde coacción, daño, dolor, miedo, terror. Una simple amenaza puede paralizar un organismo. No hace falta tocar, sólo mirar de una determinada manera, con una actitud prepotente y poderosa se consigue mucho más que con una torta, seguro.
Y todo esto hay que tenerlo en cuenta en una sentencia, o en el proceso para analizar un caso en sala judicial.

No hay comentarios: