La policía a desarticulado una red de trata de hombres, en su mayoría brasileños, que trabajaban como prostitutos tras haber llegado a España coaccionados por mafias. La noticia está en que son hombres los que acuden a la llamada falsa de los mafiosos por miles de circunstancias que no vienen al caso. Cuando la policía desarticula una red de trata de mujeres con fines de explotación sexual nos da cierta pena que esas mujeres caigan en el engaño burdo del ofrecimiento de un trabajo en el país de destino. Bueno... pues en este caso han sido hombres los engañados, con lo que la realidad nos da un nuevo golpe de realismo... y de igualdad. Lo deseable sería que no existieran ni las mafias ni sus engaños, pero...
Lo más importante en este tipo de redadas es conseguir el testimonio de alguno de estos hombres que lleve a la policía a desenmascarar a los jefes de la mafia y meterles en la cárcel. Con todo y con eso, sigo diciendo que al que hay que enjuiciar y meter en la cárcel, o por lo menos apercibir de alguna manera es al consumidor de sexo por dinero. Ese hombre que no entiende ni una coma de la Declaración de los Derechos Humanos, que sólo ve su satisfacción personal cuando acude a uno de estos garitos de carretera a saciar un instinto que tiene absolutamente desviado.
Mientras existan hombres que creen que las relaciones sexuales se pueden comprar habrá 'tiendas' con dependientes y dependientas, obligadas o no, que sacien esa necesidad. Es muy triste que existan hombres tan vacíos y tan incapaces de satisfacer sus instintos a través de otras vías, que las hay, que crean que con una relación forzada alcanzan el amor, la comprensión, la compañía, el poder, la satisfacción, el propio 'yo', ¡¡¡¡¡yo qué se!!!!
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